Liderar siendo mujer
No suelo hablar mucho de esto.No porque no pase, sino porque a veces cansa tener que explicarlo.
Trabajo como ingeniera en un lugar donde el 90% de la población son varones . Eso ya lo sabía cuando entré. Lo que no sabía era lo sola que se puede sentir una cuando es la única mujer dentro del liderazgo. No sola físicamente, sino en algo más silencioso: en cómo te miran, en cómo te cuestionan, en cómo pesan tus decisiones.
Quiero decir algo con claridad, antes de que se malentienda: esto no es una queja de mi trabajo. No me imagino haciendo otra cosa. Me gusta lo que hago, me reta, me estimula, me siento viva resolviendo problemas, tomando decisiones, estando en operación. Amo mi trabajo. Lo que duele no es la ingeniería, es el contexto en el que a veces toca ejercerla.
Hay días en los que siento que no importa cuánto estudie, cuánto me prepare o cuánto me esfuerce. Si levanto la voz para ordenar algo, soy intensa. Si marco un error, soy exagerada. Si soy firme, soy “difícil”. Y a veces me pregunto si lo que realmente molesta no es el tono, sino el hecho de que venga de mí.
No es con todos. Eso quiero decirlo. Hay personas respetuosas, abiertas, incluso protectoras. Pero hay un grupo, siempre hay un grupo,al que le cuesta aceptar que su jefa sea una mujer. Joven, además. Una vez escuché un comentario que se me quedó clavado: “Ahora mi jefa es una mujer.”
No fue una celebración. Fue casi una queja. Y ahí entendí que no era algo personal. Que aunque yo fuera otra, el problema seguiría siendo el mismo.
Lo más duro para mí ha sido aceptar que, a veces, necesito que mi jefe valide mis decisiones frente a ellos. No porque no sepa lo que hago, sino porque su palabra pesa distinto. Me cuesta admitirlo. Me duele. Siento que retrocedo un paso cuando, en realidad, he avanzado tanto. Pero también estoy aprendiendo que sobrevivir en ciertos espacios no siempre es pelear todas las batallas sola.
No vengo de una historia fácil. No tuve los recursos que muchos dan por sentados. Todo lo que tengo lo he conseguido con disciplina, con noches largas, con becas que me gané a pulso. Me enorgullece mi historia, pero también cansa tener que justificarla, como si siempre debiera probar que merezco estar donde estoy.
Hay días en los que llego a casa agotada, no por el trabajo en sí, sino por la energía que implica sostenerme. Medirme. Pensar cómo decir algo para que no suene “mal”. Ajustar el carácter para no incomodar demasiado. Y aun así, incomodar.
Es triste pensar que en pleno siglo XXI esto siga pasando. Pero también sé que quedarme, resistir y hacerlo bien abre caminos que una no va a ver de inmediato. Tal vez yo esté aquí para que mañana otra mujer no tenga que preguntarse si el problema es ella.
No escribo esto para que me tengan lástima.
Lo escribo porque necesito decirlo.
Porque callarlo pesa más.
Y porque, incluso en los días difíciles, sigo creyendo que este es mi lugar.
Lu

Hola! Quiero que sepas que eres muy fuerte. No sé si has leído a Ali Hazelwood, pero es una autora que además de escribir libros de romance, escribe sobre las mujeres que sufren en un mundo dominado por hombres, en tu caso, es la ingeniería, y en el caso de ellas, las ciencias como la física y la química. Es tremendamente triste, y es normal que a veces te sientas cansada. Pero recuerda que eres una inspiración y una mujer muy fuerte!