Luz ✨
A veces me detengo, casi sin querer, a pensar en todo lo que tengo por agradecer. No siempre lo hago; la mayoría de las veces mi mente se queda atrapada en lo que falta, en lo que no fue, en lo que pudo haber sido distinto. Es curioso cómo uno puede tener tanto y aun así vivir con la sensación de carencia.
Durante mucho tiempo he vivido más en el pasado o en el futuro que en el presente. Leí alguna vez que uno de los dolores más profundos que puede atravesar un ser humano es la ansiedad, justamente porque te saca del ahora. Te empuja a revivir lo que ya pasó o a anticipar lo que todavía no ocurre. Y cuando leí eso, sentí que alguien había puesto en palabras algo que yo llevaba años sintiendo.
Vivir con ansiedad es estar físicamente aquí, pero mentalmente en otro lado. Es dormir en una cama cómoda mientras la cabeza no descansa. Es tener estabilidad y aun así sentir una inquietud difícil de explicar. No porque falte algo concreto, sino porque el ruido interno no se apaga fácilmente.
Últimamente he intentado volver, aunque sea de a pocos, al presente. Agradecer cosas simples que antes daba por sentadas: una cama donde dormir, un trabajo que me permite sostenerme, un cuerpo que sigue avanzando incluso en los días más pesados. Sobre todo ahora, viendo cómo está la realidad, cómo tantas personas luchan por cosas básicas.
No escribo esto porque ya haya sanado ni porque tenga todo resuelto. Lo escribo porque agradecer se ha vuelto una forma de anclarme. De recordarme que, incluso con miedo, incluso con ansiedad, estoy aquí. Y que estar aquí, hoy, ya es algo inmensamente valioso.
Lu
