Volver Habitarme
Espero te resuene
Durante mucho tiempo pensé que vivir cansada de todo era normal.
Que despertarme sin ilusión, sentir ansiedad constantemente o llorar de la nada eran cosas que simplemente tenía que aprender a soportar.
Me volví experta en funcionar.
En cumplir.
En seguir adelante incluso cuando por dentro me estaba apagando.
Y creo que una de las cosas más solitarias de la depresión es esa: que muchas veces nadie nota cuánto te está costando existir.
Hoy me dieron de alta.
Todavía me cuesta escribirlo sin emocionarme. Porque detrás de esa frase hay casi tres años de mi vida intentando volver a encontrarme. Tres años de medicación, terapia, recaídas, noches difíciles, miedo, agotamiento emocional y también pequeños momentos de esperanza que me mantuvieron aquí.
Hubo días en los que pensé que jamás volvería a sentirme yo.
Días en los que tenía tanto ruido en la cabeza que solo quería dormir para descansar de mí misma.
Pero poco a poco algo empezó a cambiar.
Aprendí a pedir ayuda.
Aprendí que descansar no me hacía débil.
Aprendí que sanar no es lineal y que a veces avanzar también se ve como simplemente sobrevivir un día más.
Y hoy, después de tanto tiempo: Adiós antidepresivos, adios ansiolíticos.
Nunca voy a romantizar lo que viví. Fue duro. Hubo momentos muy oscuros. Pero sí puedo decir que este proceso me transformó profundamente.
Me hizo más sensible conmigo.
Más consciente de mis emociones.
Más humana.
Y aunque todavía estoy aprendiendo muchas cosas sobre mí, hay algo que hoy sí sé: Estoy orgullosa de la mujer en la que me convertí mientras intentaba salvarme.
No la versión perfecta.
No la que nunca se rompe.
Sino esta versión real, cansada a veces, sensible, intensa, pero viva. Mucho más viva que antes.
Y qué bonito se siente, después de tanto tiempo, volver a habitarme.
Lu
